Alianza Lima, fuera la de la Libertadores en fase 1: los errores que llevaron al fracaso

Alianza Lima, fuera de la Libertadores a las primeras de cambio
Alianza Lima, fuera de la Libertadores a las primeras de cambioErnesto Benavides / AFP

Alianza Lima quedó fuera de la Copa Libertadores exhibiendo fallas tácticas y emocionales que un rival modesto pero valiente supo exponer sin contemplaciones.

Decir que Alianza Lima fue eliminado de la Copa Libertadores 2026 ante el paraguayo 2 de Mayo es apenas nombrar el resultado: un 1-0 en la ida y un empate 1-1 en la vuelta que terminaron con la ilusión de un club grande en apenas la primera fase. Pero lo que les duele -mucho más que el marcador- es la cacofonía de errores estructurales y de concepción futbolística que quedaron al descubierto en 180 minutos de fútbol donde el favorito no supo serlo.

Desde antes del pitazo inicial en Matute, este Alianza Lima transmitía una tensión que no era solo la típica de un torneo internacional. Se respiraba ansiedad más que convicción, un deseo de remontar sin una lectura profunda de aquello que fue realmente el problema en la ida: un planteamiento rígido, sin idea clara, ante un rival que se sentía más libre en su modesta grandeza.

Pablo Guede, un entrenador con pergaminos en el continente, fue el primer protagonista de este análisis. Su apuesta en la ida, con piezas como Federico Girotti y Piero Cari desde el inicio, fue vista como un intento audaz de desequilibrar a un rival inferior en nombre, pero no en actitud. Sin embargo, más que audacia pareció improvisación táctica: sin un plan sólido en la recuperación, y sin un medio campo que dominara el ritmo del partido, Alianza quedó expuesto a la única jugada que terminó en gol para 2 de Mayo.

En la vuelta, el libreto no cambió de forma sustancial. El dominio territorial fue contraproducente si no estaba acompañado de claridad en los tres cuartos de cancha y una definición certera. El penal fallado por Eryc Castillo -decisión que abrió una discusión innecesaria sobre quién debía ejecutarlo- encapsula ese déficit: no solo fue una ocasión desperdiciada, sino la cristalización de una confianza fluctuante que se apoderó de un equipo grande ante un rival valiente.

Y así, mientras el balón encontraba espacios pero no destinatarios certeros, 2 de Mayo construyó su historia. No fue un accidente; fue la consecuencia de un rival que jugó sus cartas con una inteligencia simple pero efectiva, que entendió que provocar ansiedad en los blanquiazules los llevaría a cometer errores propios más que celebrar virtudes ajenas.

La eliminación de Alianza Lima no es un episodio aislado. Es el síntoma de una fragilidad institucional y deportiva que va más allá de un partido mal jugado. El plantel, armado para competir en al menos dos torneos, se quedó sin torneos internacionales apenas febrero comenzaba. Esa ilusión de una temporada dual -liga local y copa grande- se extinguió en un parpadeo.

Pero más allá de nombres y ausencias, hay un dato que les tiene que doler: Alianza no pudo generar el fútbol que su historia exige ni imponer su jerarquía sobre un rival al que, en papel, superaba ampliamente. Esa incapacidad para traducir favoritismo en fútbol concreto es el núcleo del problema. ¿Fue falta de idea? ¿Exceso de individualidades sin cohesión? ¿Una dirección técnica que no logró plasmar una estructura competitiva? Probablemente un poco de todo.

En la rueda de prensa, Guede dijo que "no hicieron méritos para quedar afuera", una frase que, por honesta, duele más que cualquier crítica. Porque no se trata solo de merecer: se trata de ser contundente cuando la historia pesa y la oportunidad es única. En el fútbol, como en la vida, intentarlo no siempre basta; a veces, hay que elegir mejor, definir mejor y pensar mejor.

Este Alianza Lima tendrá que recomponerse. Los errores cometidos ante 2 de Mayo -tácticos, psicológicos y de gestión del juego- deben servir como lecciones si quiere aspirar a algo más que simples aspiraciones. Porque la hinchada exige más que buenas intenciones: exige resultados acordes a la grandeza del club. Y eso, lamentablemente, no se negocia con discursos, sino con fútbol claro, con ejecución y con el respeto que se debe a la historia que representa esta camiseta.