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Una década perdida: Colombia desapareció del mapa de la Copa Libertadores

Tolima perdió con Independiente del Valle
Tolima perdió con Independiente del ValleFoto por RODRIGO BUENDIA / AFP

Desde el título de Atlético Nacional en 2016, los clubes colombianos acumulan eliminaciones prematuras, proyectos fugaces y una preocupante pérdida de competitividad. En diez años, apenas Deportivo Pereira, hoy en una profunda crisis económica, consiguió instalarse entre los ocho mejores del continente.

El 27 de julio de 2016, Atlético Nacional alcanzó la cima de América por segunda vez en su historia. Aquel equipo dirigido por Reinaldo Rueda dominó la Copa Libertadores, combinó talento, intensidad y jerarquía, y cerró una campaña memorable ante Independiente del Valle. Sin embargo, lo que entonces parecía el comienzo de una nueva era terminó convertido en el último gran recuerdo internacional del fútbol colombiano.

El golpe más reciente lo ha recibido el Deportes Tolima, que cayó eliminado en la Libertadores tras perder contra el Independiente del Valle en la vuelta de la eliminatoria.

Las valoraciones del Independiente del Valle-Tolima
Las valoraciones del Independiente del Valle-TolimaFlashscore

Solo el Deportivo Pereira avanzó a cuartos

Prácticamente una década después del título de Atlético Nacional, ningún club del país ha vuelto a acercarse a las últimas instancias del torneo. La estadística más contundente es también la más dolorosa: desde aquella consagración, solamente Deportivo Pereira, en 2023, consiguió avanzar hasta los cuartos de final. El conjunto matecaña sorprendió en su primera participación, eliminó a Independiente del Valle y terminó cayendo ante Palmeiras, pero su recorrido fue una excepción dentro de una sucesión de fracasos.

Atlético Nacional, Millonarios, Junior, Santa Fe, América de Cali, Deportivo Cali, Deportes Tolima, Independiente Medellín, Águilas Doradas y Atlético Bucaramanga han representado al país durante este periodo. Algunos ni siquiera superaron las fases previas; otros quedaron atrapados en la ronda de grupos y unos pocos alcanzaron los octavos de final. Ninguno consiguió construir una campaña capaz de instalarlo de manera sostenida entre los candidatos.

Demasiados representantes...pocos resultados

El problema excede los resultados puntuales. Los campeones colombianos suelen desmontar sus plantillas antes de competir internacionalmente, venden a sus mejores futbolistas y afrontan la Libertadores con nóminas inferiores a las que conquistaron la clasificación. A esto se suman los cambios constantes de entrenadores, la falta de continuidad en los proyectos y un calendario local que premia el éxito inmediato, pero dificulta la planificación a largo plazo.

La distancia económica con Brasil es enorme, pero no explica por sí sola semejante retroceso. Clubes de Ecuador, Paraguay y Uruguay, con presupuestos más modestos, han logrado competir, alcanzar instancias decisivas e incluso disputar finales. Independiente del Valle, Liga de Quito, Barcelona de Guayaquil, Olimpia y Peñarol han demostrado que una estructura sólida, una buena captación de talento y una identidad reconocible pueden reducir las diferencias financieras.

En Colombia ocurre lo contrario: cada participación parece comenzar desde cero. Los equipos cambian de entrenador, modelo de juego y columna vertebral con demasiada facilidad. Cuando llega la Libertadores, abundan las improvisaciones y escasean los planteles preparados para sostener el ritmo, la presión y la exigencia de una competición cada vez más dominada por las potencias brasileñas.

El título de Nacional en 2016 fue una obra extraordinaria, pero también terminó ocultando durante algún tiempo el deterioro general. Diez años después, aquella conquista ya no sirve como referencia del presente, sino como evidencia de todo lo que se ha perdido. El fútbol colombiano pasó de levantar la Copa a celebrar como hazaña la clasificación a unos octavos de final. Y mientras no construya proyectos estables, conserve a sus figuras y se tome en serio la competencia continental, la Libertadores seguirá siendo un escenario para recordar glorias pasadas y confirmar fracasos actuales.