Pellegrino Matarazzo afronta una nueva prueba al frente de la Real Sociedad con la visita al Union Saint-Gilloise. El entrenador estadounidense se mostró convencido de las posibilidades de su equipo, aunque reconoció la dificultad de medirse a un rival con un estilo de juego muy definido y diferente al habitual en LaLiga.
"Cada encuentro es muy importante, así que por supuesto que hay presión", explicó el técnico, que destacó la necesidad de adaptarse rápido al fútbol vertical y físico del conjunto belga. Pese a ello, dejó claro que el objetivo es llevarse la victoria y controlar el ritmo del encuentro.
Matarazzo también defendió el planteamiento ofensivo que ha implantado en el equipo. El entrenador considera que la Real cuenta con jugadores capaces de marcar diferencias en ataque y que, para aprovechar ese potencial, debe asumir riesgos. Una apuesta que puede dejar espacios atrás, pero que entiende necesaria para competir y ganar partidos.
"Tenemos que tomar una decisión sobre cómo este equipo ganará la mayor cantidad de partidos y quiénes queremos ser", señaló, convencido de que el grupo está siguiendo el camino adecuado. En este sentido, admitió que el equipo debe mejorar la gestión de determinadas situaciones para evitar encajar goles y quedarse en inferioridad numérica con tanta frecuencia.
Matarazzo, sin necesidad de un respaldo público
El preparador también se refirió a las críticas y a la confianza que recibe desde el club. Aseguró que ha dejado de consultar las redes sociales porque considera que pueden alejarle de su trabajo y de sus objetivos. Además, se tomó con humor la descripción de algunos partidos de la Real como un "manicomio", en alusión al ritmo y al carácter ofensivo de sus encuentros.
Respecto al respaldo de la entidad, Matarazzo fue tajante y puso el foco en su propia convicción. "Tengo mucha confianza en lo que hago", afirmó, antes de añadir que conoce el trabajo que está desarrollando y cree que el proceso es el correcto. Aunque agradece la confianza del club, dejó claro que no necesita que se manifieste públicamente para seguir adelante.
El entrenador afronta así un tramo exigente del calendario, con ocho partidos en cuatro semanas entre los parones internacionales, una oportunidad que considera importante tanto para sumar puntos como para seguir desarrollando el juego del equipo.
