Lionel Messi (39) tuvo la despedida que merecía. La organización, no.
El 6 de octubre de 2026 quedará para siempre como la noche en la que Lionel Messi jugó por última vez ante el público argentino con la camiseta de la selección. Argentina venció 3-0 a Benín, Messi marcó y el Monumental se rindió ante su capitán.
Pero hubo otra historia que no apareció con la misma intensidad en la transmisión oficial.
Una historia de accesos desbordados, tribunas colapsadas, personas que no encontraban su lugar, numerosos episodios de descompensaciones y una sensación generalizada de que el evento había quedado grande para la organización.
Y Flashscore estuvo ahí.
Una entrada que fue una odisea
La historia comenzó mucho antes de que Messi pisara el campo de juego.
Las entradas para el partido se pusieron a la venta exclusivamente a través de Deportick y se agotaron en menos de dos horas. Los precios oficiales iban desde 90.000 pesos (53 euros al cambio) para las populares hasta 480.000 (282 euros) para las plateas más caras.
El problema apareció cuando miles de personas que no habían podido comprar un ticket por la vía oficial comenzaron a encontrarse con algo difícil de explicar: mientras la plataforma de venta había dejado a una enorme cantidad de hinchas afuera, en las horas previas al partido abundaban las ofertas de entradas en el mercado paralelo.
La reventa llegó a multiplicar varias veces los precios oficiales. Hubo populares ofrecidas por alrededor de 600.000 (353 euros), plateas de 320.000 (188 euros) publicadas cerca de los 800.000 (470 euros) y ubicaciones cuyo valor oficial era de 480.000 (282 euros) ofrecidas por encima de los 2,5 millones de pesos (1.471 euros). También aparecieron paquetes y palcos por encima de los tres millones de pesos argentinos (1.765 euros).
La imagen era difícil de procesar: miles de hinchas intentando conseguir una entrada en Deportick y, al mismo tiempo, revendedores, agencias e influencers exhibiendo disponibilidad.
La pregunta quedó flotando: ¿cómo puede ser que conseguir una entrada oficialmente fuera prácticamente una misión imposible mientras el mercado paralelo parecía tener tickets por todas partes?
El caos en los accesos
Pero conseguir la entrada fue solamente el primer problema.
Desde el ingreso al Monumental comenzaron a aparecer escenas que contrastaban con la magnitud del acontecimiento.
Filas, accesos desbordados, empujones y una enorme concentración de personas intentando ingresar al mismo tiempo. En distintos sectores se denunciaron situaciones de tensión, especialmente entre familias con chicos.
Una vez adentro, el problema continuó.
En algunas plateas hubo personas que aseguraban tener entrada pero no encontraban un lugar disponible en el sector correspondiente. Hubo espectadores sentados en el piso, gente ocupando escaleras y personas intentando acomodarse donde podían.
En la Sívori Baja, según distintos testimonios publicados durante y después del partido, se registraron numerosos desmayos y episodios de descompensación.
Una publicación que se viralizó durante la noche resumió la situación de manera contundente: "Al menos vi 20 desmayos en la Sívori baja, acceso totalmente desbordado".
Más allá de que resulte imposible establecer desde afuera una cifra exacta de personas afectadas, la cantidad de testimonios coincidentes expuso una realidad que difícilmente pueda explicarse simplemente por la magnitud del público.
El Monumental estaba lleno. Eso era esperable. Lo que no debería haber sido esperable era que tanta gente tuviera que pelear por un lugar que ya había pagado.
¿Sobreventa?
Ahí aparece uno de los puntos más delicados de la noche.
Durante el evento se multiplicaron los testimonios de espectadores que aseguraban que las localidades habían sido sobrevendidas.
Personas con tickets que no encontraban ubicación, sectores saturados y espectadores sentados en lugares que no correspondían a su entrada alimentaron esa percepción.
No existe, hasta el momento, una explicación oficial que permita determinar públicamente si efectivamente hubo una sobreventa de localidades. Pero las escenas vividas dentro del estadio plantean una pregunta inevitable:
¿Cómo se llegó a una situación en la que personas con entradas válidas no encontraban dónde sentarse?
En un evento de esta magnitud, y especialmente en una noche que había sido presentada como la despedida histórica de Messi, la respuesta debería ser clara.
Y entonces apareció un cartel de seguros
Después del 3-0 ante Benín llegó el momento que todos esperaban.
Messi debía vivir su despedida.
El estadio se apagó. Comenzó el espectáculo de luces y drones. El capitán esperaba una sorpresa preparada especialmente para él.
Pero hubo una imagen que generó particular malestar entre los presentes.
En medio del espectáculo apareció la referencia de Sancor Seguros.
La escena fue especialmente llamativa porque Messi estaba allí, esperando descubrir qué había preparado la organización para su despedida, y uno de los primeros elementos que apareció ante sus ojos fue la presencia de un sponsor.
No se trata de cuestionar que un evento de semejante magnitud tenga patrocinadores. Es lógico.
La cuestión es otra: qué lugar ocupan las marcas en una ceremonia que debería tener como protagonista absoluto a Messi.
El momento terminó generando silbidos y volvió a alimentar los cánticos contra Claudio Tapia. TN también consignó que durante el homenaje, cuando apareció la referencia de una marca de seguros, volvieron los cuestionamientos contra el presidente de la AFA.
El 'show sorpresa' que duró una canción
La organización también había preparado una sorpresa musical.
El elegido era Sergio Torres, cantante santafesino y uno de los artistas favoritos de Messi. Su presencia había sido anunciada como uno de los grandes secretos del homenaje.
Pero la escena terminó siendo insólita. Torres salió al escenario, comenzó su presentación y, prácticamente después de una canción, tuvo que abandonar el lugar.
La situación no terminó ahí. Grupo Cali, que también formaba parte de la propuesta musical, directamente no pudo realizar el show como estaba previsto.
La propia banda publicó posteriormente un comunicado en el que aseguró que la presentación fue suspendida por "causas de fuerza mayor" y por "cuestiones relacionadas con la organización".
Para una despedida que había sido pensada durante semanas y que pretendía estar a la altura de uno de los acontecimientos deportivos más importantes de la historia argentina, que parte del espectáculo musical se interrumpiera de esa manera volvió a instalar la misma sensación: faltó planificación.
El momento más esperado tampoco se escuchó bien
Y cuando finalmente llegó el momento de escuchar a Messi, apareció otro problema. El capitán tomó el micrófono para hablarle a los hinchas.
Era, probablemente, una de las últimas veces que Messi iba a dirigirse al público argentino desde el campo de juego con la camiseta de la selección.
Sin embargo, el audio no llegó con claridad a todos los sectores del Monumental.
En un estadio de más de 80.000 personas, con miles de hinchas esperando durante horas para escuchar justamente esas palabras, que el mensaje del protagonista principal no se escuchara correctamente fue otro de los grandes errores de una noche que requería una producción impecable.
Era el momento en el que no podía fallar nada. Y falló.
Mientras tanto, el Monumental cantó contra Tapia
La disconformidad no quedó limitada a la organización del evento.
Durante la previa, el Monumental comenzó a cantar: "Chiqui Tapia botón…".
El cántico nació en la tribuna Centenario y se extendió hacia otros sectores del estadio. Clarín, La Nación y TN registraron el episodio y coincidieron en que la protesta se escuchó con fuerza en distintas partes del Monumental.
Y no fue solamente un episodio aislado. El reclamo volvió después del partido, incluso durante el homenaje a Messi.
La escena resulta significativa porque el Monumental históricamente fue uno de los escenarios más favorables para la selección y para la conducción de Tapia.
Esta vez, en una noche que debía ser exclusivamente para Messi, el presidente de la AFA terminó convertido también en uno de los protagonistas de la protesta de los hinchas.
Messi merecía otra despedida
Hay algo que no debería perderse entre las críticas.
Messi tuvo su noche.
El público lo ovacionó, volvió a emocionarse con él, celebró su gol y le agradeció todo lo que hizo durante casi dos décadas con la camiseta argentina.
El problema es que la organización no estuvo a la altura de ese momento. Una despedida así no era simplemente otro partido de la Selección.
Era el último partido de Messi en Argentina.
Era la despedida del jugador que ganó una Copa América, una Finalissima, un Mundial y convirtió a la selección argentina en una de las historias deportivas más importantes de las últimas décadas.
Por eso, cada detalle importaba. Y demasiados detalles fallaron.
Desde una venta de entradas que dejó a miles afuera mientras la reventa se multiplicaba, hasta accesos desbordados; desde personas con entradas que no encontraban ubicación hasta tribunas colapsadas; desde problemas de audio hasta un espectáculo musical interrumpido; desde un homenaje atravesado por la presencia de sponsors hasta un estadio cantando contra el presidente de la AFA.
La despedida de Messi quedará en la memoria. Pero no solamente por lo que ocurrió dentro de la cancha. También por todo lo que pasó alrededor.
Messi estuvo a la altura de la historia. La organización, esta vez, no.
