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En los análisis previos al encuentro, uno de los nombres propios era el de Lamine. Muchos seguían poniendo el foco en el adolescente de Rocafonda, al que le gusta estar en ese contexto tan propio de las estrellas, pero si algo ha quedado claro es que esta selección es tan buena por el colectivo y no tanto por las individualidades. Y hay un claro responsable de ello: Luis de la Fuente, un entrenador al que parte del país, la que no sigue el fútbol, probablemente no ponga nombre aún.
La Roja jugó este martes con un once joven, pues solo uno de ellos superaba los 30 años (Aymeric Laporte) y apenas dos más alcazaban dicha edad (Rodri Hernández y Fabián Ruiz). Y un par, Pau Cubarsí y Lamine Yamal, ni siquiera llegan todavía a la veintena. La media, de 26,6, es muy parecida a la de aquella selección que se coronó en Sudáfrica, con 26,8, lo que supone un interesante paralelismo. Y si Pedri González hubiera sido de la partida, la cifra hubiera sido incluso más baja.
Como el buen vino, este equipo ha madurado con el paso del tiempo: puede que haya perdido algo de velocidad respecto al de 2024, sobre todo por el rol secundario de un Williams renqueante y la lesión que impidió a su amigo Yamal empezar el torneo en plenitud, pero ha evolucionado bajo la batuta y el liderazgo de un técnico que rara vez se sale del papel y cuyo discurso no ha cambiado desde que dio la lista de convocados. Y eso, desde luego, fortalece a cualquier grupo.
Teniendo en cuenta que Luis nació en Haro, ya se puede decir que esta selección tiene Denominación de Origen Calificada Rioja (su pueblo que forma parte de la subzona alta). Con coherencia y seguridad en sí mismo, ha tomado decisiones importantes que dan un valor especial a lo que ya es un éxito: la confianza plena en Unai, la llamada a Baena pese a su floja temporada, la suplencia de Pedri a partir de cuartos de final, su insistencia en Oyarzabal...
De la Fuente, al que se le cuestionó en su día por aplaudir a Rubiales en la Asamblea General Extraordinaria de 2023, cambió las dudas y las críticas por los elogios y los halagos. Nadie se atreve a cuestionar ahora a un hombre de la casa que se armó de paciencia mientras dirigía a las categorías inferiores y al combinado olímpico hasta que le llegó la oportunidad de coger el testigo que había dejado un Luis Enrique que naufragó en 2022. Falta, eso sí, rematar la faena este domingo.

