Centro de datos del Sinner-Zverev
Se presumía una final espectacular, digna de un maravilloso torneo como Wimbledon. Y a fe que pusieron de su parte Sinner y Zverev, los dos primeros cabezas de serie de esta edición, para hacer de ella una espectáculo maravilloso, de exhibición de saques a la velocidad de la luz, de golpes medidos al milímetro, de intercambios durísimos a la vez que sutiles.
El primer set, por ejemplo, fue inolvidable. El dominio de ambos al servicio, tremendo. Sólo se vio alterado en el octavo juego, con Sinner disfrutando de la primera bola de break para marcharse 5-3. Pero Zverev se defendió con uñas y dientes y colocó el 4-4. Con semejante igualdad, el tie-break era inevitable. De nuevo, ninguno cedió su saque y ambos disfrutaron de una bola de set. Pero tras salvar la de Jannik y disponer el alemán de una segunda, conectó una derecha paralela a la que no pudo llegar su oponente. Tras una hora y cinco minutos, la primera manga ya estaba en el casillero de Sacha.
Qué calidad, qué clase
La segunda fue un calco, aunque con diferente final. Con una regularidad tremenda, dominando cada servicio sin conceder nada al de enfrente, con 18 a 15 winners, se encaminó todo a una nueva muerte súbita con saques precisos y elegantes a la vez que violentos. Si Sinner firmaba cuatro aces, Zverev hacía uno más y a más de 220 km/h., con un 85 % de acierto en sus primeros servicios.
Pero nada más comenzar ese juego decisivo perdió el primer punto, consiguiendo el número uno del mundo un mini-break que sería decisivo. Lo consolidó con sus dos siguientes saques y con otra pequeña ruptura para subir el 4-0. El de Hamburgo ya no pudo contrarrestarlo y el partido se equilibró aún más con 1-1 en sets.
Ese resbalón...
Mantener ese nivel tan alto parecía una quimera. Era lícito pensarlo después de la paliza de dos horas y media que ya llevaban encima. Y cuando Sinner empezó a sumar golpes ganadores, todo hacía indicar que el partido se iría inclinando hacia él. Pero he aquí que el germano se las arregló para disfrutar de su primera bola de break del partido. Para su desgracia, no la pudo ganar y encima se dañó la rodilla al resbalar en la hierba.
Se pudo levantar sin aparentes problemas, pero en el siguiente juego perdió su saque por primera vez, dejando a Sinner con 5-3 y la opción de ganar el tercer set sirviendo. No la desaprovechó el vigente campeón, llevándoselo en blanco y tomando ventaja en el electrónico con el 6-3 y con dos mangas a una.
El momento clave
En una situación crítica, con la necesidad de forzar el quinto set, Zverev necesitaba la perfección porque cualquier error lo pagaría caro. Y eso sucedió en el séptimo juego de la cuarta manga. Con 3-3 y máxima presión, cedió hasta tres bolas de break. Salvó las dos primeras, pero ya no pudo con la última. Sinner se puso entonces 4-3 con saque para el 5-3. Lo ganó en blanco. Golpe en el mentón al alemán. Un juego más y sería bicampeón de Wimbledon. No lo consiguió al resto, pero sí con su servicio.
El número uno del mundo lo volvió a demostrar cuando más lo necesitaba. En un enorme encuentro de su oponente, Sinner destapó de nuevo el tarro de las esencias para dominar con mano de hierro en el All England Tennis Club por segunda edición consecutiva.
